8.1.11

EL CUENTO DE ENERO 2011


El niño al que se le murió el amigo

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:

-El amigo se murió.
-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.

El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.

-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.

Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Ana María Matute

ELEGIDO POR EDUARDO GARCÍA

1 comentario:

BIBLIOTECARIAS dijo...

Eduardo García comenta:
La reciente concesión del Premio Cervantes a Ana María Matute es una excusa ideal para recordar a una de las más valiosas escritoras de cuentos que el siglo XX nos regalara. "El niño al que se le murió el amigo" es un texto de una riqueza fuera de lo común. Dehecho, ha generado multitud de interpretaciones críticas. Narra, en apenas unas líneas, la "tragedia" de la pérdida de la inocencia infantil:la transformación que opera la súbita conciencia de esa pérdida irreparable que supone la muerte de un amigo. Como es habitual en la autora hay una exquisita combinación de ternura y pesimismo vital, sensibilidad hacia la infancia y dolorida aproximación a la muerte.
Tal y como se espera de un buen cuento, en las últimas líneas estalla el conjunto del relato, dando paso a una nueva etapa de la vida. ¡Disfrutadlo!